domingo, 7 de marzo de 2010

20 alternativas frente al narco

20 alternativas frente al narco
La lógica militar está agotada, coinciden en señalar expertos en Fuerzas Armadas, defensores de derechos humanos, sociólogos y escritores
Por Ernesto Núñez y Martha Martínez
Ciudad de México (28 febrero 2010).- El gobierno federal ha insistido en que no hay otra alternativa para combatir el narcotráfico, que mantener al Ejército en las calles.

El año pasado, el presidente Felipe Calderón llamó "ingenuos" a quienes plantean un cambio de estrategia, y el pasado jueves, en un discurso pronunciado en Mérida, pidió a sus críticos que le presenten otros planes anticrimen.

Especialistas en seguridad y Fuerzas Armadas, sociólogos, defensores de derechos humanos y escritores fueron convocados por Enfoque a sugerir una idea o plan distinto a lo que está haciendo el gobierno de Calderón para combatir al narco.


La mayoría coincidió en señalar que la lógica militar para enfrentar el problema está agotada.

Por ello, proponen otras maneras de encarar el tráfico y consumo de drogas, que podrían y deberían articularse en una estrategia integral que involucre no sólo al gobierno federal, sino a los poderes Legislativo y Judicial, a los estados y municipios, y a la sociedad.


Cambio de enfoque
Rubén Aguilar Valenzuela.
Analista político, profesor de la UIA. Fue portavoz de la Presidencia de la República.

La "guerra" no es el camino para hacer frente al problema. Son cada vez más los políticos, intelectuales y académicos que coinciden en este punto: Zedillo, Cardoso, Gaviria, Vargas Llosa, Fuentes y el recién fallecido Tomás Eloy Martínez, por mencionar algunos.

La línea de solución, como ocurre en los países más desarrollados y con democracias muy sólidas, es enfrentar el problema desde la lógica de un problema social de salud pública, como el tabaco, el alcohol o la prostitución. Se asume que la compra venta de drogas es un problema que ha estado presente a lo largo de la historia y que lo seguirá estando. No se trata de erradicar el problema sino de administrarlo desde la lógica de las instituciones del Estado.

Esto implica, entre otras cosas, que hay que enfocar la acción en: a) reducir al máximo los daños colaterales que trae consigo el consumo-venta de drogas: la violencia y la corrupción; b) evitar al máximo el daño de quienes sufren de las adicciones: asistirlos como enfermos; c) trabajar en la línea de legalizar las drogas blandas: es el caso de la mariguana, como está sucediendo en Estados Unidos.

Es necesario que el gobierno dialogue y negocie con Estados Unidos. El mayor consumidor de drogas del mundo no hace la "guerra" a los cárteles que controlan la venta en sus ciudades; muchas de ellas, plazas en manos de los cárteles mexicanos. Han logrado que ese comercio, que siempre se va a dar, ocurra sin violencia. Tenemos mucho que aprender del tratamiento que el gobierno de Estados Unidos da al problema.

Estrategia integral
Emilio Álvarez Icaza.
Ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Urge la aplicación de medidas alternativas articuladas en una estrategia integral:

1. Transformar el funcionamiento del aparato de justicia mexicano.

2. Mejorar el funcionamiento del aparato de justicia social: generar empleos y condiciones de bienestar para la población.

3. Combate al poder económico de la delincuencia, que le ha brindado su poder corruptor. Para ello debe desarrollarse un amplio trabajo de inteligencia y buscar estrategias de colaboración con el sector empresarial y bancario.

4. Prevención. México necesita tomar conciencia de que ya no es un país de tránsito de drogas, sino que se ha convertido en un importante consumidor.

5. Cambio en la relación con Estados Unidos, que no puede seguir evadiendo su responsabilidad en el problema. México requiere de un empleo más agresivo de la Convención de Palermo y exigir resultados y cooperación.

6. Fortalecer el sistema político y el Instituto Federal Electoral para que tengan las herramientas necesarias que eviten la infiltración de dinero del narcotráfico en las campañas.

Sólo los países que han respetado los derechos humanos de su población en la lucha contra el narcotráfico han tenido éxito. México tiene hoy la oportunidad de superar este fenómeno atacando sus debilidades.

Libro Blanco de la Seguridad y la Defensa
Mario Arroyo Juárez.
Investigador asociado a la Cátedra de Inteligencia Estratégica de la EGAP/ITESM.

Los conocimientos científicos actuales y las experiencias internacionales exitosas en materia de seguridad nos demuestran que, para recuperar la calidad de vida de los ciudadanos y dotar de sentido al concepto de justicia, es necesario implantar una política criminológica de Estado. Para concretar este esfuerzo es necesario realizar un programa nacional con racionalidad técnica y no burocrática, de ahí, con base en diagnósticos hoy inexistentes, seleccionar estrategias y derivar acciones, capacitar y entrenar recursos humanos, implementar, monitorear y evaluar dichas acciones.

Por su naturaleza, debe ser un ejercicio transexenal y consensuado socialmente. Del programa deben derivarse al menos 10 estrategias que hagan del ejercicio algo integral: 1) recopilación y análisis de información; 2) nueva arquitectura institucional; 3) justicia eficaz y cercana a la gente; 4) educación para la convivencia; 5) crear entornos seguros y sanos; 6) reformas legislativas con base en estudios empíricos; 7) participación social; 8) fortalecimiento de la identidad, equidad y desarrollo; 9) innovación tecnológica y; 10) cooperación.

Los medios técnicos y el presupuesto existen, no así la responsabilidad ética de utilizarlos y construir una visión de futuro: un libro blanco de la seguridad y la defensa.

Consenso político*
Luis Astorga.
Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Crear una política de seguridad de Estado, con consenso político y en la que todos cedan.

¿Qué cederían? Los vínculos de protección, las relaciones de corrupción de miembros prominentes de las estructuras políticas que tienen posiciones de poder en todo el país y en todos los niveles de gobierno.

Eso implicaría eventualmente (y ése sería el objetivo) fortalecer las instituciones democráticas, suponiendo que todos queremos un sistema democrático con instituciones fuertes y no un sistema autoritario.

Cooperación internacional
Raúl Benítez Manaut.
Investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM. Presidente del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia A.C.

La denominada por el presidente Calderón "guerra a las drogas", para tener perspectivas de éxito, debe de contar con cuatro elementos fundamentales.

1. Las políticas del gobierno deben ser integrales. Deben ser de corto, medio y largo plazos. El gobierno mexicano tiene 18 secretarías de Estado que deben participar en este esfuerzo, no sólo las fundamentales del área de seguridad (Sedena, Semar, SSP y PGR).

2. En el plano militar, de inteligencia y de justicia, debe haber esfuerzos simétricos hacia todas las organizaciones criminales. Si no se actúa por igual contra lo que se consideran los seis cárteles más poderosos del país, los golpes contundentes a un grupo de ellos sólo favorece la acumulación de poder en los rivales. Se habla insistentemente de que la acumulación de poder en el Cártel de Sinaloa –encabezado por El Chapo Guzmán– en parte se debe a la incapacidad del gobierno por llegar a su epicentro, o a la habilidad delChapo por haber tejido redes de protección y gran capacidad empresarial. En toda "guerra" al enemigo se le pega en todos los frentes, pero se debe buscar la "victoria decisiva" dirigiendo los golpes medulares al cerebro del enemigo, o donde el enemigo es más fuerte.

3. Como la guerra es de largo plazo, se debe contar con el respaldo de la sociedad civil. Esto implica que las fuerzas del Estado deben contar con el apoyo de la población, y que por ende se deben respetar los derechos humanos. La guerra se hace en condiciones de democracia y por ello el respeto a la población y el respeto a la ley es fundamental en las tácticas militares y policiacas. No se puede ganar la guerra y deteriorar la democracia. Sería un gran retroceso.

4. Factores externos. El narcotráfico es un poder trasnacional y debe haber esfuerzos concertados multiestatales. Se traspasaron las fronteras en esta guerra y la soberanía del Estado mexicano está vulnerada por los cárteles, se necesita la cooperación extranjera, es vital.

Programa nacional de incautación de bienes
Edgardo Buscaglia.
Profesor de derecho y economía del ITAM y director del Centro Internacional de Desarrollo Legal y Económico.

El nivel de violencia de Ciudad Juárez representa el futuro de México, a menos que el gobierno mexicano implemente urgente y simultáneamente cuatro tipos de medidas políticas de manera inmediata:

I. En México se debe llegar cuanto antes a un extenso acuerdo político interpartidista para verdaderamente empezar a limpiar lo peor de la cloaca de la corrupción política que hoy relaciona a los políticos con grupos del crimen organizado (por medio del ámbito empresarial privado y sindicatos, ambos infiltrados por el crimen organizado) en todos los niveles y en todos los partidos (Colombia de nuevo aquí es un buen ejemplo regional a seguir, en donde aproximadamente el 32 por ciento de sus legisladores nacionales de todos los partidos fue procesado judicialmente en casos ligados a corrupción y nexos con el crimen organizado en los últimos seis años).

II. Como consecuencia del pacto político antedicho, el Ejecutivo federal mexicano debería empezar a lograr una mucho mejor coordinación entre los ámbitos de inteligencia operativa, procuración de justicia y Policía Federal, con la finalidad de que interinstitucionalmente puedan producir un mucho mejor material probatorio que vaya más allá de los testigos protegidos, corruptos y poco fidedignos, que manejan hoy la PGR y la Secretaria de Seguridad Pública.

III: Que en realidad empiece un programa nacional de incautación de bienes en el ámbito empresarial legal, en donde el 78 por ciento de los sectores económicos del PIB mexicano han sido infiltrados.

IV. Se necesita empezar a emprender programas preventivos en el orden social, de educación, salud e infraestructura social, con la finalidad de evitar y desacelerar el flujo de cientos de miles de jóvenes hacia las pandillas.

Estos cuatro pasos son claves para poder desarticular a la delincuencia organizada desde sus cúpulas empresariales en el ámbito legal hasta sus bases operativas de campo –y ningún país en la historia documentada reciente ha podido contener al crimen organizado sin implementar estos cuatro componentes antedichos al mismo tiempo.

Contra un crimen organizado como el mexicano, actuando en 21 tipos de delitos internacionales en 47 países y en donde el narcotráfico es solamente uno de estos delitos organizados, hasta el momento la estrategia propuesta por el gobierno federal sigue fallando en cumplir con estos estándares mínimos internacionalmente comprobados por su efectividad.

Si estas cuatro medidas no se implementan, México se topará en el futuro inmediato con muchos escenarios regionales como el de Ciudad Juárez.

Deslegitimar el delito
Luigi Ferrajoli.
Jurista italiano.

La fuerza del derecho en la lucha contra la criminalidad consiste sobre todo en su asimetría con el delito. Sólo esta asimetría, que se manifiesta en el respeto de todas las garantías, incluso las del imputado, tiene la capacidad en los tiempos largos de deslegitimar ética, política y socialmente el delito.

La respuesta más irracional –también puede parecer la más eficaz– es la idea de que la criminalidad organizada se puede combatir con formas de guerra; la guerra produce el efecto paradójico de elevar al enemigo al mismo nivel del Estado.

En este sentido, la lucha contra la criminalidad organizada debe llevarse a cabo con las formas de las garantías del debido proceso. El Estado de derecho no conoce enemigos propiamente, por lo que solamente la respuesta del derecho permite colocar al crimen organizado al nivel del delincuente y deslegitimarlo política, social y moralmente; esta asimetría en los tiempos largos es la mejor fuerza del derecho.

Abandonar la lógica de guerra
Samuel González
. Especialista en temas de seguridad y ex subprocurador PGR.

1. Reducir la violencia a través de estrategias integrales de lucha contra la delincuencia organizada según la Convención de Palermo:

a. Desmembramiento de la empresa criminal y aumento a la eficiencia contra el lavado de dinero, utilización de la extinción de dominio.

b. Limpien a todas sus policías y MP. Siguen infiltrados.

c. Programas de prevención social del delito que incluyan desarrollo social, evitar que los adolescentes se incorporen a las bandas criminales.

d. Combatan a la delincuencia organizada sin distinciones.

e. Apoyen a las organizaciones sociales que darán impulso a la transformación del país.

f. Abandónese la lógica de la guerra y asúmase la lógica del Estado de derecho.

2. Romper el pacto de impunidad que rige a partir de 2003 y que fue desarrollado por los políticos de varios partidos. Ataque sin miramientos a la infiltración de todos los partidos políticos. Reduzcan las causales de protección que se dan en la Constitución.

3. Desarrollar un programa serio de lucha contra la corrupción que incluya una institución investigadora autónoma, un Ministerio Público autónomo.

4. Desechar las ideas de los asesores del gobierno federal que dicen que los narcos son empresarios y tienen una lógica empresarial. Lo que tienen es una lógica criminal que se ve claramente en Juárez.

5. Pasar de la "democracia cuentavotos" (IFE Y Trife, que no ve quién financia la compra de votos independientemente que sean fondos públicos ilegalmente utilizados o de delincuencia organizada) a una democracia sustancial que analiza quién financió y cómo se financió.

6. Fondos para los programas sociales.

7. Interpretar la Constitución federal de manera que estados y municipios puedan recaudar contribuciones de la manera proporcional y equitativa que se requiere para desarrollar sus atribuciones constitucionales.

Participación ciudadana
Luis González Placencia.
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Para atenuar la violencia y las lamentables pérdidas humanas es necesario reafirmar el papel del Estado en la resolución de los conflictos sociales y la búsqueda de la paz social.

El incremento de las penas no incide en la disminución de los crímenes y la excesiva presencia policial y militar propicia una mayor vulneración de los derechos fundamentales.

Es necesario que los distintos niveles de gobierno diseñen e implementen una política consensuada e integral de seguridad ciudadana, basada en la coordinación interinstitucional, la profesionalización de los cuerpos policiales y de investigación criminal, la reducción y protección sistémica de las víctimas de los delitos y la violencia; y, la participación ciudadana en la rendición de cuentas, como ejes fundamentales para fortalecer el Estado democrático de derecho.

El Estado, en su quehacer gubernamental, debe priorizar el desarrollo efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales, a través de políticas públicas que garanticen el empleo y la educación universal, a fin de generar condiciones de desarrollo social que contribuyan a asegurar la paz y la seguridad.

Retiro del Ejército
Sergio González Rodríguez.
Escritor, autor de 'El hombre sin cabeza'.

Urge un cambio mental en nuestras clases dirigentes. El narcotráfico es parte indivisible de las instituciones: determina los procesos económicos y políticos del país. Se debe extirpar la idea de que el problema "somos todos". Ha implicado e implica responsabilidades específicas en el poder.

Dar un giro en la estrategia implica: 1) desarticular su estructura financiera y sus nexos con el poder político y económico; 2) cancelar la sociedad policial-paramilitar; 3) retirar al Ejército de tareas de gendarmería; 4) restablecer el sistema de inteligencia; 5) refundar las policías; 6) ajustar el marco legislativo (más leyes y mayores penas de nada sirven); 7) plantear nuevas políticas (castigo a los delitos contra los derechos humanos desde las instituciones; legalización gradual de las drogas; campañas preventivas y de rehabilitación; depuración de funcionarios, jueces, prisiones; reemplazo de tierras de cultivo, etcétera.)

Desideologizar el problema
Ernesto López Portillo.
Presidente del Instituto para la Seguridad y Democracia AC.

Propongo sacar las acciones del Estado en materia de drogas de la bolsa de ideología y prejuicios que hoy las tienen secuestradas, para llevarlas a una bolsa de evidencia empírica que muestre lo que las drogas realmente son y no son, los verdaderos efectos provocados por el uso y el abuso, así como las verdaderas mecánicas que vinculan las drogas y la criminalidad organizada y no organizada, y las que no lo hacen. Una vez construida la plataforma de evidencia empírica, entonces el Estado debe diseñar una política de Estado que al mismo tiempo sea integral y segmente las estrategias, en particular las destinadas a la demanda y la oferta. Si al mismo tiempo se cuenta con una visión integrada y segmentada, entonces el Estado podrá decidir las prioridades; por ejemplo, con la evidencia empírica en la mano, será posible saber si es más efectivo comprar helicópteros para destruir plantíos o construir cientos de centros de atención a consumidores. Propongo, en una palabra, frenar el "gobierno de las drogas por ideología", para abrir paso al "gobierno de las drogas por evidencia empírica".

Despenalizar el consumo
Alejandro Madrazo Lajous.
Coordinador del Programa de Derecho a la Salud del CIDE. Miembro del Colectivo por una política Integral Hacia las Drogas.

Las recientes reformas a la Ley General de Salud que sancionan el narcomenudeo no legalizan el consumo, como se ha difundido. Al contrario, criminalizan al consumidor promedio, al establecer sanciones para los consumidores de dosis que son las más comunes en el mundo. Aunque la ley implica avances, al distinguir entre consumidor y adicto e incorporar conceptos como la reducción de riesgos y reducción de daños, ésta debería revisarse para avanzar efectivamente hacia la despenalización del consumo.

Cortes de drogas
Antonio L. Mazzitelli.
Representante de la Oficina Regional de las Naciones Unidad contra la Droga y el Delito para México, Centroamérica y el Caribe.

La estrategia lanzada podría complementarse con:

Establecimiento de Cortes de drogas: permitirían romper el círculo vicioso entre consumo (problema de salud) y el crimen (problema de seguridad) ofreciendo al mismo tiempo respuestas concretas y locales a los problemas de narcomenudeo, violencia relacionada al consumo de droga, ofrecimiento de servicios calificados en tratamiento y rehabilitación, implementación de la nueva ley sobre narcomenudeo.

Lavado de activos: extender a las entidades federativas su capacidad de investigación hacia el sector patrimonial y hacerlos partícipes de la división de bienes incautados al narcotráfico.

Revisar y simplificar la Ley de Extinción de Dominio.

Creación y fortalecimiento de observatorios de seguridad ciudadanos y dar seguimiento a denuncias para definir indicadores, políticas, procesos y justificar toma de decisiones por parte de las autoridades competentes (municipales y estatales), así como promover la participación de la sociedad civil.

Reforzar las medidas y políticas de desarrollo económico y sociales para las poblaciones locales en zonas tradicionalmente utilizadas para cultivo ilícito de enervantes.

Fortalecimiento de programas de formación y capacitación en prevención de delito para padres de familia y líderes comunitarios.

Fortalecimiento de la justicia juvenil a nivel estatal y del sistema penitenciario para el tratamiento de menores en conflicto con la ley (reinserción socio-laboral).

Escuchar a los expertos
Élmer Mendoza.
Escritor.

En México hay expertos de primer nivel en todos los aspectos relacionados con el combate a la delincuencia. Que el Presidente los consulte, los escuche y establezca una nueva estrategia, porque la actual es un fracaso. Que no sea orgulloso. Que sus expertos reconozcan sus limitaciones. El pueblo de México merece que lo miren a la cara, merece que se deje de pensar que es menor de edad o un ente con retraso. Merece creer en algo que no sea mediático. El Presidente debe aprovechar su juventud y aprovechar el poco tiempo que le queda. Que alguien le diga que la soberbia es un pecado y que hasta ahora su periodo ha sido de mucho daño. Los expertos que debe consultar son gente capaz, preparada con recursos de la nación y dispuestos a colaborar. Y si se anima y le quedan algunos meses, que revise su política social y educativa, y que haga algo para que dejemos de dar lástima. A él que le interesa tanto el impacto de México en el mundo, que sepa que está delicadamente en bancarrota.

Legalización de la mariguana
Ethan Nadelmann.
Director ejecutivo de Drug Policy Alliance.

Legalizar la mariguana en Estados Unidos tendría efectos considerables en México, pues disminuiría el mercado y la lucha entre los cárteles por controlar las rutas de tráfico. Si se reduce la demanda de las drogas ilícitas, se reducen los beneficios para las bandas del crimen organizado.

Puedo imaginar a Felipe Calderón y Barack Obama teniendo un diálogo privado sobre la legalización de drogas, no creo que sea público, pero lo que sí es viable es que Calderón y Obama convoquen a un simposio de alto nivel en donde se discutan todas las alternativas, un diálogo amplio y abierto con todas las posturas.

Atender a la juventud
Javier Oliva Posada.
Especialista en Fuerzas Armadas, UNAM.

Resulta peculiar la reacción del gobierno de la República frente a un delito que tiene su origen en la codicia, el dinero fácil y, al mismo tiempo, con claras patologías de descomposición social y pérdida de valores. Y es justo en esa dirección en donde no se hace mucho. E incluso, con los datos de la Encuesta Nacional de Adicciones de 2009, así como con los indicadores de la Secretaría de Salud, el combate al narcotráfico ha ocultado otra adicción no menos dañina y mortal entre la juventud, como lo es el alcoholismo.

Drogadicción y alcoholismo están mermando la principal riqueza de nuestro país, que son la niñez y la juventud. Es en la prevención donde los medios de comunicación y en particular la televisión abierta tienen un papel crucial, y no se han sumado ni les interesa sumarse a programas que afectarían sus ventas publicitarias y el siempre esclavizante rating. La tarea no puede basarse en la fuerza ni en la exhibición de la misma, cuando lo que está en crisis es el sistema de valores.

Coordinación institucional
Raúl Plascencia Villanueva.
Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

La prevención resulta fundamental en cualquier acción orientada a disminuir la incidencia delictiva, particularmente en el combate al crimen organizado, en donde se requiere la colaboración decidida de instituciones públicas y privadas, así como de las organizaciones de la sociedad civil en el diseño y evaluación de las acciones que se realizan en la materia, para que las políticas públicas se orienten a la realidad que padecemos.

Es indispensable el trabajo coordinado y eficaz en el combate a la delincuencia para garantizar a cada mexicano el derecho a la seguridad pública, que no debe ser vista sólo como parte del trabajo de un ámbito de gobierno, sino como un compromiso de todos.

Crear empleos
José Luis Piñeyro.
Especialista en seguridad, UNAM.

Al fin, la crisis de seguridad pública, social, laboral y educativa en Ciudad Juárez ha hecho que el gobierno de Calderón reconozca que la guerra al crimen organizado y en particular al narco no se gana sólo con acciones represivas. Allí se ha reconocido que la fallida estrategia anticriminal hace agua porque no incorpora otras tácticas (prevención del consumo de drogas, rehabilitación de drogadictos, participación social, confiscación de dinero y propiedades ilícitas) de forma sistemática y porque no hay una estrategia que modifique el desgarrado tejido socioeconómico.

Miles de becas para capacitación laboral, atención social a 25 mil familias, más centros educativos y recreativos, y soldados, son la respuesta gubernamental para Juárez. Surgen preguntas: ¿cuánto tiempo durará la presencia federal?, ¿abarcará sólo Juárez o el territorio de muchas otras ciudades?.

Urge elaborar políticas de Estado en seguridad pública, social y laboral con amplia cobertura territorial, temporal y social, sobran los gobernantes sexenales que sólo piensan en la seguridad del gobierno y faltan estadistas en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial que les preocupe la seguridad nacional y la del Estado.

Proyectos de vida
Haydeé Rosovsky.
Psicóloga, ex directora del Consejo Nacional Contra las Adicciones.

La prevención del consumo de drogas debe pasar por generar más oportunidades a los jóvenes, más educación, más empleos, más viviendas, más equidad. Para prevenir que un joven consuma drogas no hay nada más efectivo que ofrecerle un proyecto de vida, que hoy no están teniendo millones.

Erradicar la impunidad militar
José Miguel Vivanco.
Director para las Américas de Human Rights Watch.

El empleo del Ejército en tareas de seguridad pública durante el gobierno del presidente Calderón provocó un dramático aumento de denuncias de abusos militares (mil 791, sólo en 2009) que quedaron mayormente impunes.

Militares acusados de cometer torturas, asesinatos, detenciones arbitrarias y violaciones sexuales son rutinariamente investigados por el sistema de justicia militar, que carece de independencia e imparcialidad. Según información oficial, los militares sólo condenaron a un soldado a nueve meses de prisión por un abuso contra civiles cometido en este sexenio.

Esta impunidad generalizada impacta negativamente en las políticas de seguridad del gobierno: atenta contra niveles mínimos de profesionalismo necesarios para la eficacia de estas tareas, aumenta la sensación de caos y genera desconfianza y temor en la población civil.

Para terminar con este patrón de impunidad, los abusos militares contra civiles deberían ser debidamente investigados y juzgados por autoridades civiles.

* Ideas expresadas durante el encuentro internacional Vientos de cambio: la política de drogas en el mundo, organizado por el Colectivo por una Política Integral Hacia las Drogas.




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Fecha de publicación: 26-Feb-2010

lunes, 9 de marzo de 2009

Siete décadas del PRI



A propósito del 80 aniversario del PRI, publico aquí íntegro un trabajo que realicé en 2000, unos meses después del triunfo de Vicente Fox en las elecciones presidenciales. Me parece una buena ocasión para publicarlo y como reflexión sobre el momento que tanto el Presidente Fox, como los partidos políticos y los legisladores en el Congreso de la Unión dejaron pasar. Las revistas Nexos y Examen publican este mes interesantes artículos sobre el PRI.





Siete décadas mexicanas 1929-2000[1]
Por: Geraldina González de la Vega (derechos reservados)



México a partir de la expedición de la Constitución del 17, ha vivido diversos cambios en materia democrática. El principio democrático[2] se encuentra dispuesto en nuestra Carta Fundamental en el artículo 40 que el Estado Mexicano es una república representativa democrática federal, garantizando los derechos fundamentales a través de los primeros artículos constitucionales, una división de poderes dispuesta en el artículo 49 y reconociendo la soberanía en el pueblo en los artículos 39 y 41.
Desde el año en que se promulgó la Constitución, fueron creándose partidos políticos y mediante la expedición de diversas leyes electorales se reguló su participación en el proceso político.
Durante el régimen cardenista, el sistema político mexicano adquirió fuerza y consolidó un régimen autoritario basado fundamentalmente en el corporativismo. El PRI, creado en 1929, adquirió durante el gobierno del General Cárdenas, en 1938, una nueva estructura, incorporando a sus bases organizaciones sociales como la CTM, CNC, CNOP, entre otras, con la finalidad de conciliar las diversas facciones políticas posrevolucionarias. Durante este periodo el partido cambió de Partido Nacional Revolucionario a Partido de la Revolución Mexicana. Mediante la incorporación de grupos el partido adquirió una estructura corporativista y por tanto el régimen fue consolidándose hasta cambiar su denominación a Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946.
El régimen priísta entre 1940 y 1970, articuló un sistema corporativista inclusivo-subordinado con una política económica intervencionista. El proyecto institucional estaba basado en un proyecto nacional-popular, sobre una base corporativa y una activa participación del Estado. Este proyecto favoreció el crecimiento económico y gozó de una amplia legitimidad gracias a la herencia política de la Revolución. El presidencialismo, vinculado con las características del Estado mexicano otorgaron cohesión administrativa y legitimidad al titular del Ejecutivo.
Durante estos años hubo una despolitización so pretexto del crecimiento económico y sobre todo del riesgo de desestabilización del régimen. El sistema de partidos en México era realmente raquítico, pero en realidad su existencia estaba ligada a la existencia de una oposición legal al régimen, pues existió una enorme contradicción entre las reglas y la realidad.
Esta época marcó lo que J.F. Escobedo ha denominado la “Fundación y Consolidación del Régimen” pues el partido hegemónico conservó una cohesión interna a pesar de la heterogeneidad de sus miembros y la diversidad de intereses que presentaron, aunado al impresionante crecimiento económico sostenido, logrado con la participación conciliada del sector empresarial, gracias al intervencionismo estatal. Esta época marcó las estrechas relaciones entre la burocracia sindical y el régimen, debido a los procesos de inclusión política de trabajadores al partido.
Hasta antes de 1968 las tensiones en el orden político se producían principalmente debido a desacuerdos de la elite, sin que esto resultara en una crisis interna.
El movimiento estudiantil de 1968 marcó lo que se denomina la inestabilidad del régimen, pues se presenta como un movimiento social que cuestiona fuertemente la capacidad del gobierno, la débil oposición existente acentúa la hegemonía del partido y provoca la movilización social opositora al gobierno.
El régimen opta por la represión desmesurada, una reacción desproporcionada llevó a subrayar la incapacidad del sistema para recibir las demandas sociales y a exhibir la coercitividad como método para asegurar su permanencia y reprimir las voces opositoras. El agotamiento del modelo económico (Desarrollo Estabilizador) auguraba una crisis, lo que afectó al sistema para regular los desacuerdos de la sociedad y enfrentar los cuestionamientos. La sociedad se comenzó a exacerbar hasta que encontró una salida mediante el movimiento de ´68, mismo que vino a confirmar la incapacidad del régimen para atender y procesar las demandas y exigencias de una sociedad descontenta. El movimiento vino a cuestionar la ausencia de espacios de expresión y participación y generó una importante desestabilización del régimen.
A mediados de los sesenta tuvo lugar la primera desavenencia dentro del partido, iniciada por Carlos Madrazo, quien no estaba de acuerdo con los procesos impositivos de elección de candidatos. La primera ruptura interna de la coalición y el primer movimiento social vienen a marcar el primer momento de desestabilización del régimen priísta.
El periodo de 1968 a 1977 fue un periodo caracterizado por diversos movimientos sociales e indígenas, guerrillas, luchas de colonos y tomas de presidencias municipales y de palacios de gobierno. Junto con los movimientos sociales se desató una crisis económica en 1971 que avivó los movimientos y el descontento social. Con todo ello, el régimen logró conservarse e inhibir cualquier expresión crítica. El movimiento y los subsecuentes enfrentamientos sociales impulsaron el fin de la etapa de consolidación y estabilidad del régimen, pero no a su fin.
La represión al movimiento de ´68 costó muy cara para el régimen, pues vino a confirmar su hegemonía y coercitividad, ya que la pérdida de autonomía del gobierno presentaría un costo muy alto. La puerta que dejó abierta el movimiento de ´68 fue aprovechada por diversos actores sociales para oponerse al régimen hasta que durante el gobierno de Echeverría se logró un proceso de apertura controlada y el cambio a un modelo populista de gobierno.
Las elecciones de 1970 dieron de nuevo legitimidad al régimen, pues aun cuando los movimientos opositores despertaron a la ciudadanía, no la alentaron del todo a contender en la arena política.
Durante el gobierno de Echeverría se paso de un modelo económico de desarrollo estabilizador a un desarrollo compartido, los rasgos populistas y sociales no se hicieron esperar, pues la estrategia era dar respuesta a las demandas y exigencias populares.
Durante este gobierno, dadas las políticas mencionadas, la crisis entre el sector empresario, la elite política y la burocracia sindical fueron tornándose más severas. El gobierno diseñó una estrategia para darle legitimidad al régimen mediante una retórica populista, basada en las ideas de la Revolución y la justicia social. El movimiento de 1968 estimuló a la sociedad en la participación política mediante los movimientos sociales, inclusive mediante su ingreso a la arena política, lo que en cierta forma incrementó la existencia de partidos políticos. Fundamentalmente los nuevos partidos se inclinaron a la ideología de izquierda, mientras que el PAN persistió en una oposición restringida.
La creciente participación de la oposición generó la creación de la figura de diputados de partido, mediante una ley expedida en 1963 que permitió a las minorías encontrarse representadas en el Congreso. El gobierno de 1976 a 1982 de José López Portillo abandonó las políticas de Echeverría pero no superó las crisis y se generó una honda ruptura entre la elite política y el sector empresarial. Durante esos años se alcanzó una severa crisis económica debido a la baja en los precios del petróleo lo que vino a acrecentar la inflación, desestabilizar el tipo de cambio, agregado al agotamiento de plazos para el pago de intereses de la deuda.
La crisis estimuló la protesta y la movilización social lo que sacudió a las elites y provocó una apertura controlada y gradual del pluralismo en México.

En México el proceso de liberalización se inició hace veinticinco años, a partir de las reformas de 1977[3], el proceso de apertura controlada inició, apoyado por el gobierno mediante la expedición de una Ley Electoral promovida por Reyes Heroles en la que se sustituye la figura de diputados de partido, por la representación proporcional. En 1986 se expide una nueva legislación electoral que la oposición tacha de “contrarreformista” de la apertura comenzada en 1977, en esta Ley Federal Electoral se amplía la representación proporcional y por primera vez se introduce un recurso de impugnación ante la Suprema Corte de Justicia.
Para las elecciones parlamentarias de 1991, se expide el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales el cual surge a través del consenso entre facciones parlamentarias, y en especial de la inédita relación entre el Partido Acción Nacional y el Gobierno a través de un documento que el mismo partido suscribe llamado “Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia”[4] en el cual se reconoce la legitimidad del triunfo de Salinas en 1988 y se pacta una nueva relación con el régimen. La nueva legislación establece reglas para el financiamiento de partidos políticos, tiempos en medios de comunicación, la ciudadanización de las autoridades electorales y la reforma a delitos electorales, entre otras.

La primera Ley Electoral de la etapa constitucionalista del 17, se expidió en 1918, misma que fue sustituida por una en 46; modificaciones para una representación de minorías con los diputados de partido en 64; una nueva en 73; otra en 77, que junto con las reformas constitucionales avanza en la representación proporcional en la Cámara de Diputados y amplía los derechos y prerrogativas de los partidos políticos, con la cual empieza la reforma política; en 87 se reforma la Constitución y se expide un Código con un sistema electoral que estimula el pluralismo y amplía la representación proporcional; en 89 se reforma de nuevo la Constitución y se expide un Código para ampliar la imparcialidad y confiabilidad de los comicios[5]; y nuevas reformas en 91, 93 y 96, siendo éste código el actualmente vigente[6]. Pero no fue hasta las elecciones de 2000, cuando unas de las metas de la democracia fue alcanzada y la añorada alternancia fue conseguida por la oposición.
La transición democrática mexicana puede ser vista desde distintos ángulos, una forma de considerar el avance del pluralismo, la competencia abierta y la alternancia, puede ser desde los niveles de gobierno, es decir, creemos que el liberalismo mexicano inició a partir de la apertura liberal –si bien, controlada- del gobierno priísta desde 1977 y que comienza a apreciarse a partir de las derrotas al partido oficial en los municipios a partir de 1983.

La liberalización en México se dio de una manera centrípeta, yendo desde el ámbito municipal, subiendo al ámbito local o estatal, al Congreso, al Distrito Federal y culminando con el Gobierno Federal. Este proceso de apertura puede ser visto desde diversos puntos de vista, existe una gran cantidad de factores que llevaron a la fortaleza de la oposición, a la alternancia y a la fractura de la coalición dominante. Un factor decisivo fue la falta de cohesión en el partido dominante, varios motivos llevaron a su desarticulación, pero sin duda uno de los principales fue la recalcitrante actitud de los grupos tradicionales a modificar sus estatutos y a permitir la apertura liberal.
Un cambio en el partido en un sentido democratizador lo habría llevado por otro camino, quizá no a asegurar seis años más, pero tal vez a asegurar su permanencia en la arena política. La desavenencia interna llevó a la fractura del partido lo que ahora parece llevarlo a su propia destrucción. Las crisis económica, controlada durante el sexenio salinista, así como la crisis política y social llevaron al país a inconformarse cada día más con el régimen. Los movimientos sociales como el levantamiento del EZLN, los reclamos de la oposición, el disgusto popular con el sexenio de Salinas y la reanudada crisis económica fueron factores que demolieron la legitimidad del régimen conseguida en los años anteriores.
Otro factor importante fue el reconocimiento de la capacidad de otros partidos para gobernar por parte de los ciudadanos, "probando" desde sus ámbitos comunitarios, hasta sus gobiernos estatales y legislativos, así como el Legislativo Federal, de la competencia de la oposición para satisfacer sus necesidades y gobernar, otorgando posteriormente, el voto a la oposición el Gobierno Federal, pues se conjugó una liberalización que fue desplazando al PRI desde "abajo hacia arriba". Los factores económicos, políticos y sociales fueron encausando hacia un pluralismo cada día más creciente y un partido hegemónico cada día más anquilosado y fracturado, que junto con el cansancio popular llevaron a su fracaso electoral.
A partir de la crisis económica de principios de los ochenta, el régimen priísta sufrió una gran inestabilidad, los problemas económicos, políticos y sociales parecían incontrolables y con un presidente poco carismático parecía que el régimen autoritario mexicano sufría un proceso de debilitamiento que terminaría por llevarlo a la fractura, las disputas de la elite y de los dirigentes eran cada día mayores, inclusive un grupo importante se desplazó hacia la oposición inconforme con los métodos de designación de los sucesores y la persistencia en las viejas ideas de la Revolución, lo que formó una oposición bien articulada, conformada por varios pequeños partidos, y con dirigentes que si bien habían pertenecido al partido en el poder, ahora formaban una de las oposiciones más importantes del régimen.
El Frente Democrático Nacional obtuvo una enorme cantidad de votos en las elecciones del ´88 –cerca del 30%-, pero aún con ello, el PRI obtuvo la mayoría –cerca del 50%-, difícilmente se impuso por sobre el PAN y el FDN siendo una de las elecciones más competidas de la época posrevolucionaria y el menor porcentaje de votos obtenidos por el PRI desde su integración. Mucho se discutió sobre la legitimidad de las elecciones, pero lo cierto fue que el gobierno de Salinas de Gortari logró legitimarse a través de los siguientes cinco años, donde por cierto, el autoritarismo del régimen se acentuó y cobró nuevos bríos.
El gobierno tuvo una estrategia de restauración legitimista y de control del poder político. Todas las acciones políticas estuvieron subordinadas a los objetivos de la política económica. La eficacia económica generó complacencia y aceptación, para mantenerla hubo que sobreutilizar los tradicionales y autoritarios mecanismos de negociación entre actores económicos, sociales y de gobierno y de control de la demanda social por la trama corporativa.[7]

Hasta 1993 con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la crisis de legitimidad y los problemas de gestión económica aparentemente se superan: la economía crece, la inflación cede, es posible la contención social, el déficit público está controlado, hay fondos públicos, hay resultados alentadores en la estrategia para atenuar los problemas de la pobreza y en 1994 México es aceptado en la OCDE[8]. El gobierno de Salinas respondió a los problemas políticos, económicos y sociales heredados y que se cargaban desde los primeros años de los ochenta, mismos que a través de programas de modernización administrativa y económica fueron solamente contenidos por el régimen anterior, pero que finalmente, y gracias a la maniobra salinista abrieron el horizonte y permitieron desplegar el régimen autoritario y prorrogar su existencia durante un sexenio más, esquivando algunos cruentos sucesos en 1994, el PRI obtiene una holgada victoria con su candidato Ernesto Zedillo, quien llega al poder debido al homicidio de Luis Donaldo Colosio. El 50% por sobre un 26% obtenido por el PAN, con el candidato Diego Fernández de Cevallos, y un 17% obtenido por el candidato Cuauhtémoc Cárdenas del PRD (antes FDN).
Los resultados electorales de 1994 tuvieron muchos resortes, la estabilización económica lograda en el régimen salinista, el martirio colosista, el dogmatismo de izquierda cardenista y la desaparición de la escena política del candidato Fernández de Cevallos, a quien, por cierto, la opinión pública lo prefiguraba como triunfador después del debate televisivo que sostuvieron los tres principales candidatos, y finalmente mucho se habló también del “voto del miedo”. México no tuvo influencia del exterior en cuanto a su liberalización o tránsito democrático hasta las elecciones celebradas en 1997, en las de 1988 el candidato del FDN tenía posibilidades de triunfar, pero la ideología izquierdista del partido y del candidato C. Cárdenas llevaron a justificar el apoyo al PRI por parte del vecino del norte, pues era la única forma de continuar con la liberalización económica.
Lo cierto es que durante el régimen salinsta el PRI se fortaleció, en las elecciones parlamentarias de 1991, obtuvo la mayoría de curules y lo mismo en las de 1994; una vez asegurada la presidencia y la mayoría legislativa, Zedillo propuso una modernización del PRI que fijó a través de una ruta en la que se reformaría al partido mediante el consenso de los militantes, la reforma consistiría en una revisión total a los estatutos con la finalidad de modificar las reglas internas y externas para actuar en una democracia competitiva y transparente, reforma que quedaría truncada por el homicidio del Secretario General del partido e impulsor de esta transformación y democratización interna, José Francisco Ruíz Massieu.
Las elecciones de 1994 legitimaron de nuevo al régimen priísta, la transición quedó aplazada pues se reanudó el régimen y cobró de nuevo una estabilidad que venía lastimada por los sucesos de 1994, una votación holgada y legitimada llevó a reafirmar la ambigüedad del proceso de liberalización logrado durante los últimos años, por lo que la oposición se quedó a la mitad del camino. Si bien la apertura democrática, sobre todo en materia electoral durante los últimos años de los ochenta y los primeros de los noventa, llevó a un pluralismo activo y algo controlado, el camino recorrido por la oposición se vio interrumpido gracias al despliegue del aparato priísta.
El presidente Zedillo no se caracterizó por ser un líder carismático, tampoco por lograr una celeridad y un dinamismo político, económicamente heredó una crisis sin precedentes, que vino a devolver a México a la realidad social y económica, el “error de diciembre” achacado a Salinas fue una de las causas de rompimiento y descrédito para el partido, aunado al desprestigio difundido a la familia Salinas y a otros priístas, el partido comenzó su descenso político. Aún con el fallido Pacto de Los Pinos celebrado en 1996, se llevó a cabo una reforma política que no fue del todo bienvenida por la oposición pero que guió a las primeras elecciones transparentes y confiables en 1997.
En 1997 se celebraron elecciones parlamentarias y locales para la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal –las últimas, realizadas por primera vez a partir de las reformas constitucionales de 1994- en ellas, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, pero la conservó en la de Senadores y perdió con una arrasadora mayoría la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal frente al PRD (47.11% sobre 25.08% del PRI), los comicios mostraron una sociedad descontenta con el régimen y una oposición fortalecida. El PRI fue siendo desplazado en varios municipios y estados y poco a poco la oposición fue demostrando su capacidad y su eficacia. La fortaleza lograda por los partidos de oposición, su capacidad de negociación y su victoria en elecciones locales y municipales, lo llevaron a cobrar un importante lugar en la arena política.
Las reformas electorales, la necesidad de legitimación del régimen por medio de avances democráticos y las nuevas oportunidades en la arena política llevaron a partidos como el PAN y el PRD a tomar importantes posiciones gubernamentales alrededor de la República, y finalmente hasta la presidencia y la mayoría legislativa federal.
La alternancia, vista como un elemento democrático indispensable, es la cúspide alcanzada por la democracia mexicana, el problema reside en: si México puede decirse ya un país democrático, pues requiere una urgente revisión constitucional, así como de procesos de consenso entre los grupos políticos para llegar a un acuerdo institucional y una consolidación de la democracia. La derrota de la coalición dominante fue la victoria de la oposición, la conquista de muchos que desde afuera de las elites políticas, añoraban un nuevo gobierno, una alternancia en el poder como una de las condiciones para que México viviera en democracia y se asegurara ésta.

Lo cierto es, que gracias a la participación de diversos grupos políticos, este momento llegó y que no puede dejarse de lado, la colaboración de ellos llevó a la liberalización del Estado Mexicano y a la apertura hacia la democracia. Los resultados de las elecciones de 2000 cargaban un bagaje de varios años de lucha y de cooperación que culminaron en lo que muchos soñaban era la aspiración máxima a alcanzar. México al poseer una denominación ambigua para su régimen, también ha pasado por un proceso de transición democrática ambiguo, pues como Cansino lo denomina, “Un régimen sui generis una transición sui generis”, la transición democrática mexicana si bien ha tenido matices diversos, pues se trata del cambio de un régimen semi democrático o semi autoritario, pasa por un proceso en el que la apertura es controlada como en un régimen autoritario, pero nunca utiliza los procedimientos autoritarios para hacerlo.
El régimen mexicano se encontraba fundamentado en un partido bien institucionalizado con estructuras definidas, que fueron desequilibrándose y perdiendo legitimidad y cohesión interna. Przeworski demuestra que más que los niveles de legitimidad de un determinado régimen político, aquello que está en la base de un cambio político o de la permanencia de un régimen es la presencia o la ausencia de opciones preferibles. De ello, podemos concluir que el cambio político comienza a partir de que la sociedad se da cuenta de que no tiene más opciones que el partido hegemónico, con lo que comienza la movilización y con ello, surgen nuevas opciones, mientras que, por otro lado, internamente en la coalición los intereses comienzan a ser diversos y surgen rupturas, que al principio logran subsanarse, pero que finalmente acaban por dividirlo.
Esta crisis está marcada por la ruptura del consenso entre los actores que controlan o apoyan las decisiones políticas. La ruptura está ligada a la emergencia de contradicciones entre los conservadores o “duros” y los reformistas o “blandos”. La emergencia de estos conflictos resulta de una modificación en los cálculos y las estrategias de un cierto número de actores, los cuales, en un momento determinado deben juzgar si sus intereses pueden ser mejor conservados manteniéndose el régimen autoritario o mediante una democratización.[9]
La crisis del régimen es un estado inestable, puesto en evidencia por la inexistencia de equilibrio entre: demandas políticas, apoyos, procesos decisionales y outputs o respuestas en el nivel de la relación estructuras de autoridad-comunidad política. El equilibrio entre estos factores se rompe cuando las múltiples fracturas existentes en la sociedad civil y que se transfieren a las estructuras políticas a través de diversos actores, no logran ser conciliados en el seno de las coaliciones dominantes y fundantes del régimen, propiciando su fractura.[10]
Cuando hay una fractura de la coalición dominante que rompe el equilibrio relativo, estamos frente a una crisis de régimen político, este hecho pone en peligro la persistencia del régimen, ya que deja de ser estable. El desenlace de la crisis puede retrasarse indefinidamente o incluso revertirse dependiendo del grado de institucionalización del régimen. A partir del movimiento del 68, comienza la movilización social y con ella, la ruptura interna de la coalición, el partido requiere cohesión y legitimación, para ello recurre a la apertura misma que comienza la liberalización política del régimen.
En los últimos 30 años, decisivos en la apertura pluralista de México, encontramos que México vivió una transición democrática larga pero que camina hacia la democracia, hecho que no necesariamente sucede en todos los casos. La democracia mexicana comenzó con los resultados electorales primero de 1997 y después de 2000, pero aún no puede asegurarse una consolidación, pues al régimen actual le hace falta todavía un consenso entre los actores políticos para llegar a un acuerdo democrático, necesario para la consolidación.
Por otra parte, es necesaria la reestructuración o reforma del Estado, pues un régimen que pretende deshacerse de los tintes autoritarios o semiautoritarios, requiere de una modernización y modificación de las estructuras de gobierno.
La transición mexicana comenzada a partir de la apertura controlada de 1977, fue un proceso largo gracias a la institucionalización de las estructuras políticas del PRI, que aun desequilibradas se mantuvieron en el poder y permitieron una transición lenta. La transición mexicana debe ser vista desde los puntos de vista de desequilibrio y adaptabilidad, así como de continuidad y cambio. El régimen mexicano sufrió varios desequilibrios, pero logró adaptarse a las circunstancias y a consolidar el régimen, los cambios sufridos fueron varios pero continuó su camino hasta que las desavenencias internas y el cansancio popular llevaron a su fin.

De acuerdo con las diferentes modalidades de transición, podemos concluir que la transición mexicana fue lograda hasta este 2000, mediante un proceso de liberalización gradual y controlada, que tuvo las siguientes características:
1. De acuerdo a su dinámica o causas, la transición mexicana fue, como la llama Huntington, la solución que prevalece, pues se percibió la respuesta común a diferentes desafíos o problemas dentro del país (crisis económicas, sociales y políticas).
2. De acuerdo a sus modalidades, la transición mexicana fue directa, pues el régimen autoritario fue estable y hasta que no logró satisfacer las necesidades sociales, económicas y políticas, se optó un régimen democrático.
3. De acuerdo con su tipo, fue debido a la crisis del régimen político, dada la crisis interna y externa que presentó el partido hegemónico.
4. Las características de la transición mexicana fueron con un mayor grado de tensión o conflictividad política, principalmente durante los últimos años, donde la oposición francamente adoptó un papel antisistema y se opuso ante la mayoría de decisiones gubernamentales y optó por diversas formas de movilización social, aunque no puede decirse que en su mayoría se registraron movimientos violentos –a excepción del EZLN-, la movilización política y social presionó de diversas formas. Fue una transición discontinua, debido a que el régimen sufrió diversas “subidas y bajadas” siempre finalmente conseguía legitimarse y continuar en el poder. La transición se concretó durante un largo tiempo de lucha política.
5. De acuerdo con la dinámica o temporalidad, la transición mexicana puede ser vista desde dos puntos de vista: por un lado que fue diferida, pues durante las elecciones de 1988, la alternancia pudo haber sido conseguida y mediante unas elecciones muy discutidas, el partido consiguió mantenerse en el poder y legitimarse posteriormente; también, puede ser vista como una transición con cadencia o ritmo, pues también puede pensarse que la velocidad fue apropiada para conseguir por un lado una mayor inestabilidad del régimen y por otro, una fuerza mayor en la oposición.
6. Su conclusión no puede ser aún comentada, pues si bien México consiguió una alternancia partidista, el nuevo régimen aún no ha logrado el consenso con los diversos actores políticos, como tampoco la indispensable reestructuración del Estado mexicano, vía una revisión constitucional. Los primeros comicios limpios y transparentes celebrados en México tuvieron lugar en 1997, por lo que de acuerdo con la teoría puede decirse que México comenzó a ser un país democrático.
Mucho se ha discutido acerca de la crisis de legitimidad del régimen durante el gobierno de Zedillo, y que por ello tuvo que respetar los resultados electorales de ese año, pero la realidad es que después de la reforma electoral de 1996, que aún cuando no respetó la mayoría de los acuerdos logrados con la oposición, dio lugar a instituciones confiables y a elecciones limpias y transparentes que parecieron demostrar el respeto a la voluntad popular y en un inminente desplazamiento de la coalición hegemónica.
El gobierno de Zedillo ya no logró ocultar el creciente multipartidismo, los reclamos sociales, la deslegitimación del régimen y la ruptura que, junto con la presión externa –Estados Unidos y la Comunidad Europea principalmente- llevaron a que la democratización pasara de ser pura retórica a una apremiante realidad, que México necesitaba y debía ser respetada.
La apertura al debate público y el derecho de participación fueron ampliamente respetados, la participación de partidos opositores cada día fue mayor y culminó con la alternancia en las elecciones de 2000, pero aún así con ello no puede hablarse de una democracia consolidada pues en los últimos tres años de gobierno no se han realizado las transformaciones que el Estado Mexicano requiere para poderse llamar una verdadera democracia. Resulta urgente revisar la Constitución mexicana y replantear al Estado mexicano.
Sólo sobre un nuevo sustento, verdaderamente democrático y de cara al siglo XXI México estará en condiciones de consolidar su democracia y sustentarla en un Estado de Derecho. De otra forma, México continuará siendo, aún sin el PRI, la dictadura perfecta.

[1] Todo lo referente a la historia socioeconómica y política de México, fue consultado principalmente en las obras de César Cansino; La Transición Mexicana 1977-2000; Centro de Estudios de Política Comparada, México, 2000. y Juan Francisco Escobedo.; Resonancias del México Autoritario; México, 2000.
[2] Nos limitamos a mencionar algunos de los principios contenidos en nuestra Ley Fundamental.
[3] Fue en la llamada reforma política de 1977 donde se introdujo en el artículo 6 constitucional, el derecho a la información y que por haber formado parte de importantes reformas electorales pasó casi inadvertido.
[4] Juan Fco. Escobedo; Resonancias del México Autoritario; México, 2000. Página 189.
[5] J.F. Ruíz Massieu; Cuestiones de Derecho Político (México-España); UNAM, México, 1994. Páginas 208-213.
[6] Cesar Cansino, Op. Cit. Página 297.
[7] Juan Francisco Escobedo.; Resonancias del México Autoritario; México, 2000; página 187
[8] Cfr. Página 189.
[9] Cesar Cansino; Op. Cit. Página 34.
[10] Leonardo Morlino; Op. Cit. Página 34.



Por: Geraldina González de la Vega (derechos reservados)

Escrito en México, octubre de 2000.

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martes, 24 de febrero de 2009

Día de la Bandera Mexicana

El hombre ha experimentado mucho
Nombrado a muchos celestes,
Desde que somos un diálogo,
Y podemos oír unos de otro.
-Hölderlin


LA RUPTURA
Geraldina González de la Vega
La poética de la nación mexicana se conjuga entre el pasado azteca, la independencia y la vocación guerrera de los mexicanos -¿?-. Nuestros tres símbolos nacionales: Escudo, Bandera e Himno. Los tres nos representan y nos reflejan, los tres recuerdan, unen y ahuyentan. Los símbolos interpretan una realidad que quieren dibujar a través de pinturas, música o letras. Los símbolos de una nación la interpretan a ella y la pretenden representar. La historia de un pueblo está ahí plasmada como en un lienzo. La música nos hincha los corazones, la letra las pasiones, las pupilas se incendian y surge la identificación con lo tuyo, con lo mexicano. Verde, blanco y colorado. Un águila posando sobre un nopal devorando una serpiente. Mexicanos al grito de guerra. ¿Somos eso los mexicanos?
Sobre el escudo nacional, después. Pero con el himno seré irreverente.
Sus versos me han despertado desde siempre una gran curiosidad y duda, ¿Por qué cantamos a la guerra? ¿Por qué habremos de morir en nombre de la patria? ¿Soy yo también un soldado, o es solamente una ocupación masculina? ---¿Y las adelitas?—Estrofa por estrofa el himno nacional es un canto a la batalla, a la muerte patriótica, a la sangre, a las armas y a la victoria. Himno militar, y lo militar no es un orgullo mexicano, nunca lo ha sido y más bien es motivo de turbación histórica. No lo comprendo, cómo puede el pueblo mexicano identificarse con el canto al cañón si tenemos sólo algunas batallas -que no guerras ganadas-. El subconsciente mexicano lo sabe y aunque cantamos con orgullo nuestro himno nacional, no entendemos sus palabras y siempre el fantasma de la duda recorre nuestra alma mientras entonamos “Mexicanos al grito de guerra”.
La mitología militar mexicana nos había otorgado el honor de los niños héroes, así como la conmemorada batalla de puebla o la victoria contra Crocket en el Álamo, por mencionar solamente algunas; podríamos inclusive mencionar el árbol de la noche triste, como otro episodio felíz de nuestra historia guerrera. La realidad es que los mexicanos respondemos al grito de guerra con un fervor patriótico ingenuo y primitivo. Se nos llenan los ojos de lágrimas y entonamos nuestro canto bélico sin crítica, sin conciencia y sin libertad. Cada lunes del calendario escolar nos formamos derechos a rendir honores a la bandera, como un acto automático, en el que no se comprende que ser patriota no se reduce a pararse derecho, saludar a la bandera y entonar un himno de memoria.
Los registros civiles se llenan de masiosares –aunque sean un extraño enemigo—y ahora las florerías venden macetas con su planta profanadora. Muchos niños preguntan: ¿Qué es el acero o el bridón? Nos habla de sangre. Pero también nos habla de unión y libertad, curiosamente estrofa que muy esporádicamente se canta por formar parte de la versión oficial.
La petrificación de la sociedad mexicana a través del dogma es también un signo que encuentro en el himno, por ejemplo cuando habla del destino: De la paz el arcángel divino/ Que en el cielo tu eterno destino/Por el dedo de Dios se escribió. Es pues ya destino divino de México el estatus de paz, petrificado y limitado a despertar solamente contra el extraño enemigo, enemigo que será aquél que decidan los soldados que Dios le dio a la patria, por obligación divina y no por voluntad. Hay más voluntad en los parias que se enrolan en el ejército norteamericano para obtener una green card. El paternalismo de nuevo nos hace transmitir nuestros juramentos y nuestras actitudes al poema básico de la nación en donde, ya de entrada, hemos jurado tomar las armas, morir, derramar nuestra sangre y todo por algo que ni siquiera podemos definir ¿Qué es México? ¿Qué son los blasones que no podemos dejar que manchen? El problema es la identificación de la patria con el gobierno. ¿Quién ostentará las girnaldas de oliva y laurel si los soldados –los hijos de la patria-- quedarán en el recuerdo como héores con un sepulcro de honor? La nación. ¿Qué es la nación mexicana? El Estado mexicano, la patria, el pueblo, el pasado, el presente o el futuro. ¿Quién? México. Insisto, ¿Qué es México, o quién es México. ¿Por quién debemos luchar los soldados de la patria?
El egocentrismo y la ausencia de entendimiento nos han hecho comprender que el grito de guerra es entre nosotros. Las manchas, las olas y huellas de sangre de nuestro poema nacional recorren los barrios y las calles de nuestra patria como un espectro. ¿Cuántas batallas sangrientas habremos de luchar hasta que sea la verdadera nación mexicana sincretista, dialéctica quien luzca las girnaldas en sus sienes?
El himno nacido bajo uno de los regímenes dictatoriales que marcaron el futuro de México representa una de las características del mexicano de las que Paz habla en su ensayo El Laberinto de la Soledad y me refiero a la cerrazón, siempre a la defensiva, esperando al enemigo a que venga a profanar nuestro suelo, a introducir ideas nuevas o a llevarse nuestro oro. Máscara de combate disfrazada de miedo. Simplemente se corta la cuarta estrofa en donde se menciona a Santa Anna y cuento acabado, se nos olvida el asunto. ¿Por qué negar algo que fué? un hecho es que el himno nació bajo sus auspicios. Tocado por primera vez el 16 de septiembre de 1854 ya habíamos sido derrotados en la Guerra contra Estados Unidos y sufríamos –todavía- las luchas civiles entre ideologías: conservadores, liberales, federalistas, centralistas.
Un dato que también es de mencionarse es la eliminación de la estrofa que habla sobre la guerra civil: Ya no más de tus hijos la sangre/se derrame en contienda de hermanos/ sólo encuentra el acero en tus manos/ quien tu nombre sagrado insultó. No se necesitan las armas para derramar sangre de los hermanos, puede también darse de otras maneras como lo son la inequidad social. El confinamiento y olvido de los indígenas por ejemplo, la ignorancia del pobre, del jodido. Del que no es como uno. Y hoy, más que nunca en las batallas sangrientas que a diario nos aquejan. Diario somos testigos de contiendas fraternales. La lucha entre hermanos es cosa del diario.
La eliminación de estrofas en que se refiere a los héroes y personajes de la patria, directa o indirectamente nos deja también sin pasado. Los héroes sin nombre de la segunda estrofa o en la séptima la mención de Iturbide. La octava que responde a mi pregunta anterior sobre el futuro de las mujeres en la toma de las armas, se refiere más a un machismo, al hogar, a la familia. ¿Preferimos de verdad ser lauros sangrientos que guirnaldas de mirtos y rosas?
Yo dejaría el himno así:
Mexicanos al grito de guerra con las voces de ¡Unión! ¡Libertad!

Sobre el escudo hay, simplemente, que mencionar que en la Ley –la deidad- que dice como deben ser los símbolos patrios, su uso y desuso, se describe lo siguiente:
“El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas en un nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate; con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural…”

De nuevo encontramos la defensa, de entrada estamos a la defensiva. ¿Por qué no podemos abrirnos? la apertura significa diálogo. El diálogo igualdad.
La Bandera, el Escudo y el Himno Nacionales son bellos símbolos pero dudo que representen nuestra identidad ideal, representan al guerrero, al que cierra puertas, pero no al hermano que las abre. Ya se ha planteado también: ¿Por qué elegir únicamente el pasado azteca? si en el mundo prehispánico hubo una pluralidad de civilizaciones que son lo que también forman hoy el colorido de nuestra patria.

¡Bandera de México!
Legado de nuestros héroes
Símbolo de la unidad
De nuestros padres y nuestros hermanos;
Te prometemos:
Ser siempre fieles;
A los principios de libertad y de justicia
Que hacen de nuestra Patria
La nación independiente
Humana y generosa
A la que entregamos nuestra existencia.


¿Alguna vez han analizado palabra por palabra el juramento a la bandera?

Háganlo, por lo menos hoy.

viernes, 20 de febrero de 2009

A PROPÓSITO DEL TIEMPO DE LLUVIAS


A PROPÓSITO DEL TIEMPO DE LLUVIAS.

Hoy es primero de mayo. El primero de mayo de hace 100 años ¿Estaría nublado? miércoles, 14:42 horas. El clima: 13 grados centígrados. Primavera, desde luego. Húmedo, nublado, lluvias aisladas. El tiempo. Alfonso Reyes habla sobre la importancia del tema del tiempo en las relaciones sociales. Ahora no se habla del tiempo que hay, sino del que puede haber. La ciencia siempre presente inclusive en las pláticas cotidianas. El prónostico del tiempo dice que lloverá… nos molestamos cuando es atinado y en verdad llueve, la lluvia siempre molesta, pica y moja, enfría, incomoda. Es como la democracia, es mejor verla desde la ventana. Ver llover es uno de los mayores placeres, oir la lluvia, oler la lluvia, ver la lluvia, sentir la lluvia desde lejos, como golpea las plantas, como rebota en el suelo y todo lo bautiza, como el viento la lleva y la trae, y ella, necia, sigue cayendo y bañándolo todo, como si estuviera empecinada en dejar su huella, su agua, por todos lados. Así sucede con el pueblo revolucionario. Se empeña en dejar su huella por todos lados, la revuelta, la vuelta al orígen decía Paz, es un término desusado por vulgar, pues no representa un movimiento con ideología sino nada más un tumulto desordenado. Quien puede ver desde la ventana la lluvia y no cantar en ella, no bailar en ella ¿tiene derecho a disfrutar de los resultados de la revuelta? ¿Es la revuelta una manera de delegación de lucha? ¿Porqué revolver y no revolucionar? ¿Es lo mismo? No. Revolver es volver de nuevo, volver al origen. Revolucionar, es evolucionar rápidamente, sin esperar el paso del tiempo que da la maduración. ¿Será eso? Será la maduración lo que nos da la posibilidad de sentarnos y ver llover y acordarnos de cuando nos mojabamos con la lluvia? De aquellas ocasiones en que la tormenta era tan terrible que quisimos resguardarnos bajo un toldo, pero que nos resignamos a esperar a que la lluvia terminara, la tormenta, violenta que con su chisporroteo en el pavimento nos mojaba de rebote, las gotas que se colaban entre el toldo y el periódico con el que uno suele protegerse la cabeza. ¿Porqué cuando llueve nos protegemos la cabeza? Será el miedo a que las ideas se mojen. Cuando derrepente tomamos la decisión, tomamos nuestras fuerzas y nos metemos literalmente en la tormenta, corremos y brincamos charcos, saltamos obstáculos, vamos de techo en techo, nos identificamos con los que corren a nuestro lado, sonreimos, pero también sufrimos. Sentimos la misma pena cuando alguien desprevenido cae en un charco o algo le salpica. Corremos con todas nuestras fuerzas, a veces más lento, pues nos resignamos a mojarnos, siempre siempre ---y eso es de llamar la atención--- nos protegemos la cabeza. Hay algunos que pasan desprevenidos con paraguas, no voltean a ver a los que no lo traen, son distintos, son otros. Ellos caminan sin participar de la remojada, se sienten privilegiados pues el paraguas cubre sus cuerpos del remolino, es como si tuviesen un velo. A veces algunos se animan y cierran su paraguas para correr junto a los demás. A veces otros se quedan resguardados en el toldo y no corren, esperan a que pase y disfrutan del sol, de la calma posterior. Los que esperan y los que sin justificación solamente ven llover, los pasivos, los indiferentes, los del paraguas, los del toldo, los que se quedan en casa. Los jóvenes, los hombres y las mujeres que temen empaparse ¿Disfrutarán y valorarán igual la calma postrera? La juventud, la infancia, el miedo a la lluvia, a la tormenta viene siempre después. La revuelta sin ideología, la revolución entronada como la reina del movimiento popular, la tormenta de tormentas. ¿Es la revuelta un chipi-chipi? Volver a comenzar, es lícito, a veces necesario. Cuando el camino ha sido equivocado. Cuando hemos virado en la dirección falsa, no necesitamos re-evolucionar, necesitamos re-volver. Re-encontrar el camino. No ver llover, sino mojar-nos. Mojar-se y ser. Dejar que las ideas caigan como balas, sentirlas, dejarlas que nos empapen, que nos bauticen, protejamos sí nuestra cabeza, pues las ideas que nos penetran sin razón, que no entendemos a voluntad, a veces perjudican nuestro entendimiento. Memoria, razón e imaginación, entendimiento general, empapado, regado de gotas compartidas.

Empieza a llover, cojo mis cosas y salgo.

jueves, 19 de febrero de 2009

El Naquismo


Reflexionando acerca de los acontecimientos mexicanos, me vinieron a la mente absurdas ideas que comparto aquí:
En México se ha desarrollado desde hace varias décadas un movimiento cultural que podría denominarse Naquismo. Pero pareciera que éste ha llegado a su cenit pues ha influído no solamente las relaciones sociales, sino a las relaciones políticas y las jurídicas.

El Naquismo del que hablo se trata de un movimiento que podría caracterizarse como propiamente mexicano pero influído por el romanticismo, la filosofía del existencialismo y un dudoso optimismo.

En México el adjetivo "Naco" es utilizado de manera despectiva para referirse a todo aquello que nos parece que va contra un conjunto de normas sociales o morales. Naco es el que no sabe expresarse correctamente, el que no sabe comportarse en la mesa, el que tiene malos modales, el grosero. También es muy común que algunas personas se referieran a la gente pobre, a los indígenas y en general a la gente con un color de piel más oscuro, como nacos. Como casi siempre sucede la percepción del monto de melanina en la piel es proporcional al de la persona que utiliza el adjetivo, así tendremos a alguien de piel morena que le dice naco a otro con la misma cantidad de melanina, y sólo por ésta razón es utilizado el adjetivo, en estos casos, el usuario del adjetivo naco suele tener una posición de ventaja (cadenero de una disco por ejemplo). Muchos mexicanos suelen tachar "piel blanca" en los formularios.

En realidad el adjetivo naco se utiliza para referirnos a todos los que uno considera que "no son como uno". En este sentido encuentro que el existencialismo à la Heidegger podría darnos alguna respuesta, pues él desarrolla el concepto del Dasein y el otro. El otro que no es como yo. Así, en México el naco es el otro, porque yo no soy naco, todos los demás lo son. Por ejemplo, si yo no me comporto correctamente en la mesa, no es un signo de naquez, sino de rebeldía. El otro es naco, y así el otro, me caracterizará a mi como naco. Es decir, al final, todos somos nacos. Todos somos y estamos, todos existimos y por lo tanto podemos ser nacos.

Así mismo, el existencialismo o feminismo à la Beauvoir sobre la mujer como producto cultural podría también arrojarnos alguna pista sobre el Naquismo pues sin temor a equivocarme, el Naquismo sostiene que "no se nace naco, se llega a serlo."

Al referirnos a alguien o a un comportamiento como naco también mostramos un tipo de nostalgia, como los abuelos cuando dicen que "antes todo era mejor". Aquí encuentro el romanticismo, pero sobre todo en su aspecto reaccionario contra la ilustración. El amor a la naturaleza y el desprendimiento material, no son características del Naquismo, muy al contrario, los grandes representantes de éste movimiento son materialistas y desprecian a la naturaleza. Aunque sean ecologistas shic, prefieren dejarle la separación de basura a los otros, es decir, a los nacos. El Naquismo defiende el liberalismo, pero un liberalismo naquista, es decir, un laissez faire para uno, pero no para los otros. Ahora, paso a explicar por qué el Naquismo es una reacción al racionalismo.

A finales de los noventa México estaba entrando a la era de la "ilustración" democrática, el contagio de las ideas universales acerca del constitucionalismo, el Estado de Derecho, la democracia, la crítica, el racionalismo, el liberalismo, la igualdad. En 2000 se dió un importante paso en esta transición, pero en lugar de continuar en ésta dirección, México entró en un periodo al estilo Sturm und Drang, para nosotros, el Naquismo. El Naquismo desafortunadamente no está representado en autores como los de aquella época preromántica alemana, no tenemos Goethes ni Schillers. Tenemos Televisas, Madrazos, Fox y Martitas, Slims, Partidos Verdes, Amlos, Elbas Estheres, en fin.

El Naquismo Mexicano del siglo XXI siente un gran aprecio por lo personal, un individualismo absoluto, un culto al yo fundamental, pues siempre son los demás los nacos. Porque si todos fueran como uno, no serían nacos. Hay que acabar con los nacos para que México sea un país mejor, porque ellos son los que roban, matan, trafican, corrompen, etc. "Yo no". De manera que aquí encuentro la enorme influencia del movimiento del Naquismo en las relaciones tanto políticas como jurídicas. Todos los que no votan igual que yo, son nacos. Principalmente si se trata de votar por partidos que en el espectro ideológico se mueven hacia la izquierda. Pero también existen los nacos de derecha. Lo preocupante del Naquismo es su enorme influencia en la comprensión del Estado de Derecho y de la función de las leyes en una sociedad democrática. Pues se cree que los derechos fundamentales son solamente para uno, no para los nacos. Que las leyes en general, pero más aquellas que nos limitan en el disfrute de nuestras libertades y propiedades aplican sólamente a los nacos, y no a uno. Porque uno no es como los otros, los nacos. A los nacos hay que limitarlos, hay que quitarles sus derechos porque ellos, no uno, son los delincuentes y los malos, los antisociales que distorsionan y violentan la vida de uno, que no es como ellos, es decir, naco. Los románticos representantes del Naquismo están dispuestos a quebrantar la normativa que ahogue su libertad, pero nunca, nunca permitirán que el naco haga lo mismo, pues ellos, los otros, no son como uno, son nacos.
También encontramos influencia de los movimientos románticos respecto a la supremacía del sentimiento frente a la razón. Un buen exponente del Naquismo te dará millones de pretextos para que las cosas cambien a su favor. Por ejemplo, dirá que es bueno que se violen derechos a los delincuentes porque lo merecen, utilizando un excelente argumento sentimental: "el naco nunca pensó en los derechos de su víctima" o "Que me importa que se maten son narcos y nacos". La justificación para entender que ellos, los nacos, no son como uno, no es racional. Es cultural, pero sobre todo sentimental. El adjetivo naco es un endemismo mexicano. Uno sabe que no es naco, lo siente, así como sabe muy bien identificar al que no es como uno, al otro, al naco.

Una importante característica del romanticismo aplica también al Naquismo mexicano, y se trata de la primacía de un Creador, de la justificación de las cosas a partir de un poder superior inexplicable a través de la razón. La virgencita así lo quiso, México está en crisis por designio de Dios. Todas las culpas y los alabos son ajenos, el Naquismo justifica así el estado de cosas. "Los nacos son padrísimos porque caminan hincados por la Calzada de Guadalupe." Esos que no son como uno, son irracionales, porque creen que hincándose ante los Santos se les cumplirán sus súplicas. En cambio uno, que no es como los nacos, no necesita hincarse, con ir a Santa Teresa todos los domingos es más que suficiente. Una característica notable es que aún dentro de la religión católica, los otros, los nacos, no son como uno, aunque todos sean hijos de Dios.

Por último, otra influencia del romanticismo en el Naquismo que vale la pena mencionar, es la de la idea de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada. Si el Naquismo se enfrenta a la razón y aprecia el individualismo y el sentimiento, por qué habrá de buscar el perfeccionamiento? La perfección no es necesaria para uno, los otros, los nacos deben ser perfectos porque de otra manera nunca saldrán de la naquez. Pero uno, que no es como los otros, los nacos, no necesita probar ni comprobar nada. Esta puede ser la razón por la que en México los grandes exponentes del Naquismo dejan las cosas abiertas, inacabadas. Por ejemplo, la reforma del Estado o la consolidación de la democracia o la construcción de una sociedad civil crítica.

Mencioné que el Naquismo es también influído por un dudoso otpimismo. El optimismo consiste en el autoconvencimiento de que si los otros, que no son como uno, desaparecieran, ya sea por métodos racionales, como la conversión; o por métodos irracionales, como la existencia de leyes altamente autoeficaces o el exterminio legal, entonces todo estará bien y desaparecerán -o mejorarán, según sea el caso- las actuales condiciones de falta de sentido y de rumbo, tanto sociopolítico como económico, los altísimos índices de delincuencia y de impunidad, la imposibilidad de consolidar el Estado de Derecho, respetar la división de poderes y la garantía irrestricta de los derechos fundamentales, la falta de normatividad de la Constitución, la inexistencia de una sociedad democrática comprometida y crítica, la mala calidad de la educación, la falta de cultura política y de la legalidad, la falta de empleo, la irresponsabilidad de los partidos políticos, y el larguísimo etcétera.

Es decir, la filosofía del Naquismo está basada en una fórmula muy sencilla: "todos tienen la culpa menos yo" y por eso México está como está, por culpa de los nacos.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El calcetín de Locke y el Constituyente mexicano


La dictadura del "Poder Constituyente Permanente" en México
Existe la leyenda de que el pensador y filósofo inglés, John Locke, propuso la paradoja del calcetín: Si yo tengo que remendar mi calcetín, ¿sigue siendo el mismo que el original? más aún, si el calcetín ha sido remendado más de una vez y todo su material reemplazado por uno nuevo ¿es posible decir que sigue siendo el calcetín original? o ¿se trata de un calcetín nuevo?
No sé si Locke efectivamente discurrió sobre la originalidad de sus calcetines, pero sí sé que ésta historia me recuerda a la Constitución Mexicana.
El artículo 135 de la Constitución establece el procedimiento para reformarla, siendo éste un procedimiento más complicado que aquél diseñado para crear leyes ordinarias, se entiende que México posee una Constitución rígida. El procedimiento establecido en el 135 requiere de mayorías cualificadas en ambas Cámaras del Congreso y además la mayoría de las legislaturas de los estados. Es decir, en cada Cámara deben aprobar la iniciativa 2/3 de los legisladores presentes y al menos 16 Legislaturas Locales.
Al conjunto de órganos y mayorías se le conoce en la teoría de la constitución como Poder Constituyente Permanente, también poder revisor, derivado o instituido.
El término de Constitución normativa es relativamente nuevo para el constitucionalismo de la Europa continental y de América Latina. Antes de la Segunda Guerra Mundial, una Constitución era más bien entendida como un pacto político, y no como una norma jurídica superior a la cual deben sujetarse todas las inferiores y cuya rigidez en el procedimiento de su reforma, obedece a razones de eficacia y normatividad (aceptación de observarla).
En el periodo de reconstrucción europeo y después en las olas democráticas (Huntington) se fueron estableciendo constituciones normativas, es decir, constituciones obligatorias como cualquier otra norma jurídica y además superiores. Así, las constituciones alemana o española establecen la vinculación de los poderes a sus normas.
Para poder garantizar la constitucionalidad de todo el sistema jurídico, es decir, de todas las normas jurídicas inferiores a la Constitución (leyes, reglamentos, normas, sentencias) se crea un tribunal especializado en revisar la no contradicción entre la norma inferior y la norma superior. Éste tribunal diseñado por el jurista vienés Hans Kelsen, recibe el nombre de Tribunal Constitucional, y fué instaurado desde la década de los veinte en Austria y en la época de posguerra y en las olas de democrtización siguientes, en casi todos los países de la Europa Continental -Alemania, Italia, España, por mencionar algunos--.




En 1787 se adopta la Constitución de los Estados Unidos, la cual establece un sistema de revisión de la constitucionalidad de tipo difuso, en oposición al concentrado del Tribunal Constitucional. Es decir, todos los jueces deben revisar la constitucionalidad de las leyes que aplican. En 1803 el juez John Marshall en la decisión Marbury v. Madison, estableció la doctrina de la revisión judicial o judicial review, es decir, según el Chief Justice, la Suprema Corte tiene la facultad para examinar la legislación y otros actos del Congreso y decidir si son o no compatibles con la Constitución y en caso de no serlo, echarlos del sistema. Ésta decisión dió a la Constitución de los Estados Unidos normatividad y se convirtió en un principio no escrito de la Constitución norteamericana. Desde el siglo XIX en los Estados Unidos, el Congreso no puede emitir leyes o actos contrarios a la Constitución, tienen pues, una Constitución normativa.
México estableció en su narrativa una normatividad ambigua, pues nuestro constitucionalismo fué influenciado por el español y por el norteamericano, de manera que a lo largo de casi doscientos años, se ha conformado como una mezcla de ambos sistemas, prevaleciendo el estadounidense en las normas relativas a la federación y a la constitucionalidad del orden jurídico. Así, en la Constitución vigente, por ejemplo, el artículo 133 que es en su redacción, idéntico al artículo VI segundo párrafo de la Constitución de los Estados Unidos, establece la jerarquía del orden jurídico, colocándo en la cúspide a la Constitución y faculta a todos los jueces a cuidar la constitucionalidad del sistema jurídico. Ésto, en combinación con el 135 sobre el procedimiento de reforma, disponen que nuestra Constitución tenía la vocación de ser normativa y de que los actos del Congreso debían ser revisados por nuestra Suprema Corte. En cierta medida, así fué.

Durante la gran reforma judicial de los noventa, se dió a nuestra Corte facultades para revisar la constitucionalidad de las leyes y los actos del Congreso, mediante la acción de inconstitucionalidad y el control de la división de poderes y el apego a las normas por parte de los órganos constitucionales, mediante el control de constitucionalidad. Ambos medios se unieron al ya centenario juicio de amparo, es decir, el juicio de garantías mediante el cual se restituyen los derechos violentados por la autoridad de cualquier individuo. De ésta forma encontramos en la Suprema Corte mexicana una especie de Tribunal Constitucional, es decir, un Tribunal diseñado para revisar y controlar que la autoridad actúe siempre conforme a la Constitución, que sus facultades sean conforme a la Constitución y que los actos que realice (leyes, decretos, reglamentos, sentencias, normas, etc.) sean siempre conforme a la Constitución.
Es una garantía para nuestros derechos y libertades, así como para la democracia, el hecho de que los órganos constitucionales deban actuar exclusivamente conforme a las facultades concedidas en la Constitución. Por eso la teoría de la constitución distingue entre Poderes Constituídos y Poder Constituyente.

El calcetín original: La Constitución liberal de 1857



Venustiano Carranza, entonces Presidente Constitucional revolucionario, presentó ante el Congreso un proyecto de reformas a la Constitución de 1857 que fue superado en sus expectativas iniciales. En realidad el Congreso reunido en Querétaro en 1916 no tenía la misión de darnos una nueva Carta, sino de revisar la Carta liberal de 1857 e introducir las demandas revolucionarias. Las importantes reformas políticas, sociales y económicas que complementaron a la Constitución de 1857 dieron como resultado la Carta Fundamental bajo la que hoy el Estado mexicano se organiza: La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. La vocación de la Constitución de 1857 era la de una constitución liberal, es decir, una constitución política que reconoce la soberanía en el pueblo, que otorga libertades a los individuos y que establece la división de poderes. Con la revolución mexicana se suspendió la vigencia de ésta Constitución y en 1913 se anunciaría el Plan de Guadalupe y el nombramiento como Primer Jefe del Ejército, que se denominaría Constitucionalista, a Venustiano Carranza. El Ejército Constitucionalista buscaba la restitución de la Constitución de 1857, pero más tarde se dieron cuenta de que ésta no estaba ya a la altura de las exigencias revolucionarias.
Al verse modificada por los reclamos sociales y políticos de la Revolución, la Constitución de 1857 se transformó en una nueva promulgada el 5 de febrero de 1917, que tiene el honor de ser la primera Constitución social del mundo, después le seguiría la Rusa en 1918 y la de Weimar en 1919.
Se dice que nuestra Constitución nació con un déficit de legitimidad, pues en realidad el Congreso no había sido electo para darnos una nueva Constitución, sino para reformar la vigente. Sería como si hoy se hiciera uso del 135, pero al final del día se promulgara la Constitución de 2008. Es decir, el Poder Revisor regulado en el artículo 135 estaría excediéndose de sus facultades convirtiéndose en una Asamblea Constituyente.
Si bien es cierto, la ruptura constitucional es un hecho innegable, la necesidad del pueblo de darse una nueva Constitución, de exigir un nuevo orden normativo y la creación de nuevas instituciones de gobierno, es un derecho que a lo largo de dos siglos ha venido ejerciendo el pueblo de México y que ha dibujado la historia constitucional de nuestro país como un mapa de luchas por la democracia y por el Estado de Derecho. Pero habrá también que aceptar que las más de 500 reformas que nuestra Ley Fundamental ha sufrido, han llevado a desvirtuar a la Norma y a comprenderla como un "Programa de Gobierno", más que como la Norma Fundamental del Estado mexicano.
El problema del constitucionalismo mexicano del siglo XX se encontró en el fuerte presidencialismo –de hecho y de Derecho-, pues al no existir una verdadera división de poderes, el control constitucional de interpretación y producción de normas subconstitucionales, así como el de reforma, recayó en el Ejecutivo, de manera que se le concedió un enorme poder político al adecuar e interpretar la Constitución con ánimo legitimador. El Ejecutivo rompió el vínculo de supremacía y normatividad constitucional al no respetarlo y no tener límites para su adaptación, por ello durante varios años gozó de un enorme poder político en el orden jurídico-constitucional. La producción de normas, la aplicación y la interpretación, fueron controlados por un Presidencialismo fuerte que controló a los Poderes Legislativo y Judicial, haciendo de la Constitución una norma ordinaria que podía ser cambiada y transformada dependiendo de las circunstancias.
Hoy, a varios años de distancia del gobierno concentrado del PRI y de la supremacía del Ejecutivo por encima de la Constitución, en lugar de avanzar hacia un constitucionalismo normativo y democrático, hemos cambiado de amo, ahora, somos vasallos del Poder Revisor.
La tiranía del Constituyente Permanente mexicano
Arriba ya hablábamos sobre la diferencia entre los poderes constituidos y el Poder Constituyente. El Abate E. J. Sieyès en su obra Qué es el Tercer Estado, describió al Pouvoir constituant al cual atribuía el ser un poder originario y único, que no puede encontrar fundamento fuera de sí. Además de ser un poder incondicionado, es decir, que no posee límites formales o materiales. El propio Sieyès distinguió entre los poderes constituidos y el Constituyente, los primeros dependen de la Constitución "pues en cada parte es la Constitución la obra del Poder Constituyente y no de los poderes Constituídos". Los poderes constituidos son aquellos que fueron creados por la Constitución, es decir, su existencia y su acción depende de ella, no pueden más de lo que las normas constitucionales les faculten, ni tampoco pueden menos. En cambio, el Poder Constituyente es el pueblo mismo organizado y lo puede todo. Los poderes constituidos están basados en la legalidad (constitucionalidad) de sus actos, en cambio el Poder Constituyente está basado en la legitimidad política de su actuación, no tiene basamento legal pues éste crea la legalidad. Es el principio del Derecho.
Evidentemente, en los estados-nación que tienen años de existencia, y constituciones con cierta antiguedad, no se puede hablar ya de una Asamblea Constituyente fundadora, en el caso de que el pueblo quiera darse una nueva Constitución. Pensemos en el tiempo en los Padres Fundadores de los Estados Unidos que se daban por primera vez un Gobierno Federal (además lo diseñaron de acuerdo con sus necesidades e ideales) o pensemos en una Alemania en reconstrucción en dónde los padres y madres fundadores deseaban empezar desde cero. O en la actualidad, pensemos en Kosovo, en Iraq o en las ex-repúblicas soviéticas. México tiene una historia constitucional casi bicentenaria de manera que, en caso de que quisiéramos darnos una nueva Carta, hoy ya no sería posible hablar de una Asamblea fundadora.
Desde 1789 se establecieron los requisitos para tener una Constitución en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano: establecer la división de poderes y garantizar los derechos humanos. De manera que desde entonces existen límites materiales a éste Poder Constituyente, hoy en día además, la comunidad internacional vigila que las asambleas sean democráticas, pensemos en el caso de la Bolivia de Evo Morales, en dónde se exige por parte de la comunidad internacional que la nueva Constitución sea votada por mayorías cualificadas en la Asamblea y que además sea aceptada por una mayoría de los ciudadanos bolivianos. De manera que hoy en día el Pouvoir constituant sí tiene límites materiales y formales.
Los poderes constituidos clásicos son el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y junto a ellos colocamos al Poder Revisor, pues su existencia y sus facultades están establecidas en el artículo 135, es decir, a diferencia del Pouvoir constituant, los constituidos, incluido el revisor, están sujetos directamente a la Constitución.
El ejemplo de longevidad de la Constitución norteamericana se basa en el uso moderado y astuto las garantías de permanencia que las constituciones se dan para irse adecuando a las circunstancias: la interpretación y la reforma. La interpretación es la garantía ordinaria, es decir, el legislador cada vez que crea una norma debe interpretar la Constitución, así mismo el Ejecutivo y el juez, más aún los ministros de la Suprema Corte. La reforma es la garantía extraordinaria, es decir, es la garantía que se acciona cuando a partir de la interpretación no es posible adecuar la Constitución a la realidad. La Constitución de los Estados Unidos ha sufrido 27 enmiendas o reformas, las primeras diez fueron realizadas, todas, en 1791 y comprenden la Carta de Derechos.
En cambio, en México, el legislador prefiere modificar la Constitución en lugar de buscar soluciones conforme al texto vigente, en lugar de interpretarla, perfiere tomar la vía fácil y reformarla abusando de ésta garantía de permanencia y burlando la normatividad de la Constitución. La tiranía del Poder Revisor se concreta en el nombre que los mismos legisladores dan a ésta facultad extraordinaria: Poder Constituyente Permanente. En la Ciencia Jurídica, las palabras son fundamentales, son su herramienta de trabajo, cuando usamos la palabra Constituyente permanente, estamos burlando al tiempo, estamos burlando los principios básicos de una Constitución normativa, pues estamos diciendo que no hay una diferencia entre el Constituyente original, y los poderes constituidos. Quiere decir que el Estado mexicano no vive en el mundo de la legalidad, sino que vive en el mundo de la política y que los órganos constitucionales lo pueden todo.
A propósito de la llamada Ley Indígena, que en realidad se trató de una reforma constitucional al artículo 2, la Suprema Corte resolvió que no tiene la facultad de revisar la constitucionalidad material de las reformas constitucionales, porque el Poder Revisor no tiene límites, más que la formalidad del procedimiento. Esto quiere decir, que de acuerdo con nuestro Tribunal Constitucional, es decir, nuestro último garante de la constitucionalidad del orden jurídico, ha decidido que el Poder Revisor no tiene límites materiales, lo puede todo y en consecuencia, confirma el absurdo de que exista un Poder Constituyente Permanente o lo que sería igual a decir, que existe la posibilidad de que 2/3 de los legisladores de cada Cámara federal y la mitad de las legislaturas de los estados se abstraigan de su naturaleza constituída para reformar la Constitución como mejor les parezca y lo peor, las veces que quieran.
La abstracción a medias de la constitucionalidad del Poder Revisor, es decir, sólamente respecto del contenido de las reformas constitucionales, es un error interpretativo de nuestra Corte y un peligro para la normatividad de nuestra Norma Superior. Pues en primer lugar, el mismo 135 establece "Para que las adiciones o reformas lleguen a ser parte de la misma..." lo que en un afán de conservación, debe interpretarse que existen límites implícitos al poder Revisor, tales como los derechos fundamentales, la división de poderes, la soberanía popular, el federalismo, el presidencialismo, la supremacía constitucional, por tan sólo mencionar los más importantes. En segundo lugar, nuestra Constitución no prevé al referéndum para reformas constitucionales, de manera que estamos sujetos a la dictadura del Poder Revisor, pues si no existen límites materiales y no existe un requisito mínimo de participación democrática directa, los legisladores federales y locales pueden hacer lo que quieran con la Constitución, aún y cuando su misma existencia dependa de ella.
La realidad política envuelve a la constitucional y nuestros gobernantes prefieren modificar los obstáculos en lugar de brincarlos. Le dan la vuelta a las vallas pues. Los estados con un constitucionalismo arraigado brincan las vallas: interpretan las normas de la Constitución, legislan y si alguien ve una contradicción con la Constitución (en cualquiera de las modalidades previstas: acción de inconstitucionalidad, controversia y amparo) se hace uso de la facultad de revisión. La Constitución mexicana ha sufrido alrededor de 450 reformas, ésto no es prueba de un constitucionalismo normativo arraigado, al contrario, es prueba de que no entendemos para qué sirve la Constitución y la seguimos viendo como un pacto político, pues su aprobación requiere el consenso de mayorías federales y locales. Seguimos viendo cada oportunidad de reforma constitucional como un refrendo político, cuando eso debería formar parte de otro tipo de procedimientos.
El hecho de que exista una norma de normas, quiere decir que en teoría todos los principios básicos del sistema político-jurídico están ahí contenidos, por eso, y para no atar a las generaciones futuras, es que las Constituciones intentan ser lo más abstractas y generales posibles, para que el legislador tenga un espacio de maniobra política y pueda legislar de manera democrática. Si cada vez que el legislador no encuentra en la Constitución de manera textual la respuesta que busca, se instaura en Poder Reformador, ¿qué normatividad puede tener la Constitución? En otros términos, ¿qué seriedad se puede esperar de las reglas del juego si cada vez que jugamos y no me gusta una regla, la cambio?
Los deportes siempre ilustran de manera muy clara el problema de las reglas jurídicas: Supongamos que un barrio quiere organizar un torneo de fútbol, para ello dedicen escribir un pequeño reglamento que establezca quiénes serán las autoridades, cómo se elegirán, cómo se formarán los equipos, cuáles son las reglas del juego, quiénes resolverán en caso de disputa sobre la interpretación de esas reglas. Ya que está el reglamento acordado por todos, se nombran las autoridades, se forman los equipos y comienza el torneo. En el primer partido uno de los equipos decide que no está de acuerdo con la regla de fuera de lugar y en lugar de esperar a que se cometa un fuera de lugar en una jugada y se discuta con el árbitro y el otro equipo, la modifica del reglamento. El cuarto día antes del partido se lastiman dos jugadores de otro equipo, y en lugar de ir a hablar con las autoridades y el otro equipo para solucionar el problema, decide modificar la regla y establecer que en lugar de 11 jugadores, serán ahora 9. En el 7mo día del torneo, el equipo que pierde decide que los perdedores deberán jugar entre ellos para decidir quién es el líder de los perdedores, y entre todos, modifican las reglas. Así sucede durante todo el torneo, el día de la final, el equipo rojo anota 2 goles y el equipo azul 1. Pero resulta que el equipo azul no acepta que ese marcador indica que el equipo rojo ganó, porque no cree que las reglas del torneo sean obligatorias, de manera que toma el trofeo y se lo lleva.
El problema que la Constitución de 1917 enfrenta entrando al siglo XXI es el de su legitimidad y eficacia, ciertamente, la Norma Suprema de nuestro país carece de normatividad pues el sentimiento constitucional mexicano ha sido conducido de una manera equivocada. Nuestros gobernantes consideran que cada gran idea, cada gran pacto y cada gran plan debe tener un lugar en la Constitución. Olvidan que es la norma de normas y no el gran pacto político que alguna vez fué. La Constitución, en sentido contemporáneo, no es ya el pacto político mediante el cual se reunen las fuerzas políticas, es la norma que funda y que da origen al sistema jurídico y si se modifica cada vez que algo no nos guste o cada vez que no encontremos en su texto la idea, plan o programa que buscamos, estaremos minando su normatividad.
México aspira a ser un estado de leyes y dejar de ser un estado de hombres, pasamos de ser un estado sujeto a los deseos del Presidente en turno para pasar a ser un estado sujeto a los deseos del Constituyente Permanente. Quitémosle la permanencia al Constituyente, honremos a nuestros padres fundadores y miremos hacia adelante.
El Gobierno mexicano necesita atenerse a las reglas del juego, aprender a jugar. Los juegos de la democracia constitucional requieren respeto a la ley y al pluralismo, requieren dar a cada actor su lugar, y nuestra Suprema Corte necesita sentarse unas filas más adelante.
¿Qué futuro le espera a la Constitución de 17? Creeo que es indispensable por un lado, un pacto político y por otro lado, una revisión íntegra o mejor- una nueva Constitución-, pero también creeo que la eficacia constitucional se encuentra directamente en el sentimiento constitucional de ese Estado, es decir, de sus gobernantes y de su pueblo. La eficacia constitucional no se encuentra creando otra suponiendo su perfección, la comprensión de ese vínculo de supremacía y normatividad que la Constitución crea es el orden constitucional que un pueblo espera, pero mientras ese pueblo no viva en Constitución y sus gobernantes no ejerzan el poder en Constitución, no habrá Constitución perfecta que asegure un Estado Constitucional Democrático. Será, como dijo Lasalle en el siglo XIX "una hoja de papel", tal y como hoy es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.

Recomiendo este libro: El Valor de la Constitución Normativa de Cecilia Mora-Donatto, en menos de 200 páginas explica de manera muy clara la teoría de la constitución contemporánea.

Derechos Reservados.

sábado, 18 de octubre de 2008

Sarkozy: El Héroe de Europa

Este análisis fue publicado el 15 de octubre en Gera´s Place.
Me parece que "la suerte" del Presidente francés Nicolás Sarkozy como Presidente del Consejo de la Unión Europea ha sido enorme, y es que durante ésta Presidencia que sólamente dura 6 meses, le ha tocado resolver varias crisis que lo han catapultado como un político hábil, pragmático y solucionador de conflictos. Si el dicho es correcto, Sarkozy creció -políticamente- gracias a las crisis (europea, del Caúcaso y financiera).

Francia recibió la Presidencia en julio de este año de manos de Eslovenia, con el No irlandés en las espaldas y el enojo alemán con la propuesta francesa de una Unión Mediterránea. Sarko recibía una Unión Europea desgastada y con cero credibilidad. Pero luego vinieron las crisis, en donde las instituciones fueron la olla en donde se cohesionaron las políticas y las medidas logradas con el consenso europeo y que funcionaron para sacarla del atolladero político, institucional y financiero. Después de todo, Europa -como unión política- no está muerta y es que Sarko le dió respiración de boca a boca y quizá hasta le cantó Quelq'un m'a dit. "Supersarko" reposicionó a la Unión Europea y demostró que es necesaria para responder a los retos locales y mundiales con un mismo sistema de valores.

Hoy, no sólo en Francia, sino en toda Europa Sarkozy es visto como el gran solucionador de conflictos, el mismo José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión Europea, le agradeció sus avances, pues han sido de gran importancia para la Unión. Barroso comentó que los acuerdos realizados por los países miembros el domingo en Paris significan un importante fundamento para la Cumbre social tripartita, organizada conjuntamente por la Presidencia francesa de la Unión Europea y la Comisión Europea y que tendrá lugar en Bruselas hoy miércoles.

Así mismo el Jefe del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, quien no es ningún fan de Sarko, ha dicho que está impresionado por su manejo de la crisis y su trabajo conjunto con las instituciones europeas. El Jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, se mostró bien impresionado, dijo que reconocía el manejo de la crisis y de los retos que se presentaron ante la Presidencia, y cómo el Presidente del Consejo, y los líderes de los países miembros, reaccionaron rápida y puntualmente.

Y es que Sarko ha demostrado poder intervenir en la solución de problemas de una manera diferente a la política de su antecesor, Chirac: soluciones pragmáticas en lugar de la política de intereses tradicional. Ésto lo demostró en la negociación en la crisis del Cáucaso con los gobiernos ruso y georgiano, logrando el cese al fuego y la retirada de tropas rusa. Donde también intervino Angela Merkel, impulsora de decisiones pragmáticas, y relacionadas a principios más que a ideologías o tradiciones. Europa no puede representarse en un Gobierno de un color o de un partido político como lo hacen los países, Europa no puede representarse como una nación. Europa es la suma de experiencias que se acumulan en un conjunto de principios con aspiración universal. Europa es tan Shakespeare como Hitler, Europa es tan religiosa como secular, es tan Tracia como Mora, Europa es tan fría como Laponia y tan caliente como Íos, Europa es tan diversa como sus quesos Feta, Gruyere, Bryndza, Manchego, Provolone, Cheddar, Allgäuer, Évora, Roquefort, Emmental. Tan versátil como sus embutidos, tan rica como sus vinos, tan distinta como su grastronomía. Cómo unir en una política común toda esta diversidad?

La Unión Europea es un club democrático, en donde el Estado de Derecho, el reconocimiento y la garantía de los derechos y libertades para todos, la solidaridad y la paz, son los principios básicos conforme a los cuáles se deben buscar las soluciones. Me parece que Sarkozy, y en su momento Merkel, han apelado a ello. No se puede, desde la cumbre Europea, imponer una ideología política, se debe en cambio, apelar a valores que son establecidos como requisitos de membresía para el club y son aceptados por todas las naciones de Europa como necesarios para la convivencia civilizada, pues se entiende que la finalidad debe ser lograr la felicidad de todos los individuos. Éstos principios deben ser mínimos, deben ser principios abiertos que puedan permitir el juego de las fuerzas políticas sin necesidad de anclar desde la Unión programas o normas demasiado especifícas, pues es esta imposición desde Bruselas la que no es bienvenida en las calles europeas y lo que ha llevado a nos tan rotundos como el irlandés, el francés y el holandés.

Ese pequeño reto es lo que Europa tiene por delante, parece que Sarko lo entendió y gracias a las crisis revivió a la Europa de los principios que debe prevalecer sobre la de las instituciones.